domingo, 10 de diciembre de 2017

Érase ninguna vez, de Mario Migueláñez



Por Elena Paniaugua Rodríguez
(Universidad Francisco de Vitoria)



Mario Migueláñez González llegó a la literatura de la mano de la música. Desembarcó a las letras con "Tu chaqueta ya no me abriga" (Cuadernos del Laberinto. Madrid, 2016), y en este año que termina y bajo el mismo sello editorial ha lanzado "Erase ninguna vez" un poemario cargado de emotividad y ritmo.
Es Mario un poeta comprometido con su corazón, un dibujante de palabras que traza una línea perfecta entre el dolor y el amor. 

Hemos tenido la oportunidad de entrevistar al autor quien, amable y siempre con una sonrisa en los labios, nos narra los secretos de "Erase ninguna vez".
 
-En su último libro de poesía “Érase ninguna vez” (editorial Cuadernos del Laberinto) se centra, temáticamente, en el dolor que causan las relaciones de pareja. ¿Usa la escritura como analgésico?  
-Para mí, la escritura es una forma de terapia emocional, por tato, de algún modo se podría decir que sí, que me sirve para aplacar, en parte, el dolor del pasado. Cuando el corazón vuelve a su forma original una vez que ha estado encogido durante un tiempo, cuando de la ruptura y rotura se da paso a un futuro sin miedos, ni anhelos, se mira al pasado y con la mente ya relajada salen las palabras sobre el papel.
- ¿Cuál es el giro que ha dado desde “Tu chaqueta ya no me abriga” a “Érase ninguna vez”? 
-En el fondo mis libros hablan sobre los sentimientos que todos hemos tenido alguna vez en las aventuras del amor y el desamor. Ahonda en esas palabras que muchas veces callamos, o que ni siquiera podemos expresar, y que yo plasmo en los textos. El giro principal de mi primer trabajo a este último es un cambio de género; mientras que en “Tu chaqueta ya no me abriga” el lector podía percibir la musicalidad en mis textos de la prosa poética que “cantan” mis relatos, en este segundo trabajo he querido ofrecer algo nuevo al público escribiendo en su totalidad poesía pura. Creo que cambiar los registros te hace madurar como profesional en todas tus facetas de la vida, y en este caso como escritor. Acostumbrarse a la rutina no es nada bueno.
-Usted empezó su carrera artística como músico, exactamente como letrista y guitarrista. ¿Cómo fue el paso al folio en blanco y la decisión de publicar? 
-Bueno mi paso por la música es “de puntillas”. Empecé componiendo algunas melodías y letras en casa como cualquier joven de 18 años a los que le gusta tocar la guitarra, pero nada serio. Más tarde empecé a interesarme en mayor medida por la escritura, guardando relatos y pequeños poemas en mis cajones; hasta que tiempo después, volví a retomar esta actividad que había dejado pausada en mi vida una vez que volví a retomar la lectura y a empatizar con libros nuevos que estaban apareciendo en el mismo ámbito en el que yo me siento a gusto al escribir. Eso volvió a motivarme de nuevo y coger lápiz y papel, y como consecuencia de mi buena relación con la editorial, a desarrollarlo en “modo serio”.

- ¿Su poesía está dirigida a los jóvenes? 
-Realmente no escribo para ningún público en concreto. Nadie que no sea comercial creo que lo haga; uno escribe para sí mismo y si consigue llegar al público eso es lo mejor. Creo que siempre hay que ser fiel a uno mismo y eso es lo que yo hago con mi trabajo, pongo encima de los textos mi corazón y creo que eso a la gente le gusta. 



- ¿Cómo se aprende a escribir poesía? 
-Pienso que esto es imposible de definir. Escribir poesía, como realizar cualquier otra actividad artística, es algo para lo que una persona tiene que tener una habilidad especial. Esto se nota en los textos, en los cuadros, en las canciones. No todo el mundo es válido para escribir poesía, al igual que yo sería incapaz seguramente de construir una casa. Con el tiempo puedes estudiar y mejorar la técnica, cosa que obviamente todos tenemos que hacer, pero tiene que haber algo innato en el individuo que le haga crear este tipo de cosas; los versos nacen del interior de uno mismo, y ese proceso pienso que es imposible de aprender, más bien, se crea.
- ¿Qué le pediría a la vida? 
-A la vida le pediría dos cosas: paz y sinceridad con uno mismo y con el resto del mundo. Hagamos las cosas bien, creo que cuesta lo mismo, pero tienen un valor infinitamente mayor.
-Recomiéndenos una película, un libro y su rincón favorito de Madrid. 
-Creo que recomendar una película solo es muy difícil, ya que muchas de ellas te han marcado alguna época de tu vida. Por ejemplo, algunas películas clásicas que hay que ver son “Forrest Gump” por ser como la vida misma o “El Show de Truman” por el guion tan original que tiene. Por los viejos tiempo “Grease” e imprescindible para románticos “El Diario de Noa” (a algunos chicos también nos gustan este tipo de películas).
Un libro, en este caso lo tengo más fácil, porque siempre digo lo mismo y me repito. Este es el libro que me incitó de nuevo a coger lápiz y papel, y lleva por título “En un mundo de grises” de Sergio Carrión. Un libro triste, que narra en pequeños relatos las tristezas del amor, un libro bien pensado y mejor escrito que toca en profundidad con una prosa para mí especialmente mágica.
Un rincón favorito de Madrid, el Templo de Debod al atardecer, un paseo por los rincones del Madrid de los Austrias una noche de verano. Un pueblecito de la Sierra del Rincón en otoño: paz para el alma y la mente.

 COBARDÍA
Te escondes
tras la cobardía
de quererte tú
antes que a mí.
Y yo,
haciendo lo contrario.
 
Al final
acabé naufragando
con el corazón roto
pero contento.

 
YA ESTOY MEJOR
Tocar fondo,
subir,
salir a la
superficie
y ver el sol.
 
No estás aquí
ya estoy mejor
aunque suba y caiga infatigablemente
en esto que llaman amor.


Más información:
http://www.cuadernosdelaberinto.com/Berbiqui/erase_ninguna_vez.html

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