jueves, 3 de diciembre de 2015

Acontecimiento, de Concha García

Siempre al margen de las corrientes dominantes, la poesía de Concha García ha ido desarrollando una labor de exploración obstinada y resistente en el lenguaje de los hechos cotidianos. Su estilo desnudo y sin remilgos, de enunciación directa pero dotado de un extraño halo por el que logra infundir misterio en lo más próximo y doméstico, es heredero de la obra de poetas como Celan, Stevens, Milosz o Ajmátova. Como ha declarado en alguna ocasión, siente la poesía como «ligada a la sensación de lo efímero, todo préstamos de los objetos cotidianos, de pensamientos fugaces y de experiencias vivas o imaginadas». Acontecimiento es un magnífico ejemplo del alcance de su propuesta, a partir de la perplejidad que la existencia provoca en la voz que relata los poemas.  

Articulado en dos partes, que agrupan una sucesión de instantáneas cotidianas, el libro culmina con un poema extenso, «Traslado», que dota al conjunto de un carácter narrativo y recoge la pequeña peripecia urbana de un día cualquiera. Los poemas funcionan como una mirada que atraviesa el paisaje a la velocidad de una imaginaria cámara sostenida por el tiempo. En esos fragmentos de realidad subyace una idea de la errancia como una forma de estar en el mundo.

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Lo mismo es en una habitación.
Objetos marcan su ruta.
Habría que dejar que el sol la inundase.
Eso piensa. Eso no piensa.
Resol en las áreas vacías.
Coincidencia. Las mondas del fruto
y todo el ahínco que pone
para que no se dispersen
en el plato.

****

Los primeros días
fueron un poco amargos, me refiero
a que la sensación se te ponía en la espalda
y se cumplía el designio.
Era un dolor como ajeno
un exceso de intimidad con ella,
un ir y venir de recuerdos que se tropezaban.
¿Cómo manifestarlo?
Si andabas apresurada, la calle no podía,
si por el rabillo del ojo
entraban las esquinas adorables
hechas de cemento, claro, también
de vidrios, y qué escaparates.
Una hermosa lata de atún del sur
la sonrisa de la mujer
del dibujo, oh, qué momento,
mi madre poniendo la mesa
había sacado del cesto cien gramos
de todo el porvenir que le quedaba.

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